Archivo para 27 abril 2009

27
Abr
09

BEASTLY

beastly– escrito por: © Fernando F. Vegas –

En la novela juvenil “Beastly” Alex Flinn, que nació el 23 de octubre de 1966 en Glen Cove, Nueva York, se introduce en la literatura fantástica, escapando del habitual estilo realista de sus otras novelas publicadas hasta el momento, tratando en el argumento la clásica narración de “La Bella y la Bestia”, exponiendo los hechos de forma contemporánea y ambientándose en el Manhattan actual, donde un apuesto chico de 17 años, rudo, arrogante y engreído, aun teniéndolo todo, únicamente se siente bien cuando desprecia y humilla a los que no cumplen sus códigos de lo que él cree es la perfección y no responden a su ideal de belleza. Hasta que un día sus burlas se topan con una extraña chica de su clase de inglés, que tiene el cabello verde y una apariencia un tanto desagradable de la que se ríe dejándola plantada en el baile, pero esta vez le saldrá mal la pesada broma, porque la muchacha resultará ser una bruja que lo castigará con una maldición dándole una grotesca apariencia, de la que sólo podrá librarse si en dos años encuentra a alguien que se enamore de él a pesar de su aspecto monstruoso y además el también deberá amar a esa persona o será una bestia para siempre.
El origen del cuento tradicional europeo “La bella y la bestia” podría ser una historia de Apuleyo, incluida en su libro El Asno de Oro (igualmente conocido como Metamorfosis), titulada Cupido y Psique, aunque la primera versión publicada data de 1740, atribuyéndose la obra a la escritora francesa Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, mientras que otras fuentes sitúan la recreación de la historia original en 1550, siendo el responsable Giovanni Francesco Straparola. El caso es que puede hablarse de que existen bastantes versiones de “La bella y la bestia” en toda Europa, considerándose la de Beaumont la más comúnmente utilizada en las adaptaciones.
El cine ha bebido de este popular relato en muchas ocasiones, puede que una de las más recordadas sea la saga animada y musical de Disney.
CBS Films tiene intención de comenzar en el verano de 2009 el rodaje de una nueva revisión juvenil de este clásico relato, “La Bella y la Bestia”, partiendo de la novela fantástica “Beastly” de Alex Flinn y centrando la historia en la Nueva York actual.
De la dirección del filme, que se espera llegue a la cartelera en 2010, se encargará Daniel Barnz (“Phoebe in Wonderland”), de la producción Susan Cartsonis (“Aquamarine”, “¿En qué piensan las mujeres?”) de Storefront Films y Vanessa Hudgens (“High School Musical”) será una de las protagonistas de la película.

– escrito por: © Fernando F. Vegas –

Anuncios
26
Abr
09

KAY SCARPETTA

ellibro– escrito por: © Fernando F. Vegas –

La serie de novelas protagonizadas por la investigadora Kay Scarpetta ha hecho internacionalmente famosa a su autora, la escritora estadounidense Patricia Cornwell (Miami, Florida, 1956), cuya última novela sobre Scarpetta, publicada en España por Ediciones B en 2008, conteniendo un total de 448 páginas, es El Libro De Los Muertos, donde la sagaz, inteligente y astuta forense se ha ubicado en Charleston, lugar en que se ha instalado con su equipo (su sobrina Lucy Faranelli, Rose y Pete Marino) en un laboratorio forense que goza de la última tecnología. Esta vez Scarpetta se desplazará hasta Italia, donde deberá dar con el asesino de Drew Martin, una joven tenista en la cumbre del éxito cuyo cuerpo mutilado ha aparecido en el centro histórico de Roma. Prácticamente no hay pistas en la escena del crimen que lleven hasta el asesino y una de las pocas encontradas apunta que puede tratarse del apodado el Hombre de Arena por el macabro residuo que deja. Las contradictorias pruebas sorprenden a Scarpetta, al psicólogo forense Benton Wesley, que mantiene relaciones sentimentales con la doctora y a los carabinieri italianos.  
Patricia Cornwell, que relata sus historias con una gran carga de profundidad social, domina con maestría la narrativa de suspense, haciendo de sus novelas negras una lectura interesante, estando considerada en este patriciagénero una de las más renombradas en su país, siendo traducida su obra a más de treinta y dos idiomas y teniendo numerosos seguidores.
Posiblemente su habilidad y conocimiento sobre los temas que trata, su meticulosa descripción de los hechos, así como la exactitud en cada detalle de los métodos de investigación forense y policial, se deba a su anterior trabajo antes de dedicarse enteramente a la literatura y tras terminar en 1979 sus estudios en el Davidson College de Carolina del Norte, como redactora de sucesos en el diario The Charlot Observer, donde daba a conocer la prostitución y la delincuencia en el centro de Charlotte, artículos por los que recibió el Premio de la Asociación de la Prensa de Investigación en Carolina del Norte, trabajando posteriormente en el Departamento de Medicina Forense de Virginia, donde asistió a múltiples autopsias, experiencia que terminó de ampliar y perfeccionar sus conocimientos que más adelante formarían parte de la serie de novelas de suspense que giran alrededor de Kay Scarpetta, su principal personaje.
Patricia Cornwell, que ha recibido los premios Edgar, Anthony, Macavity, Creasy y el Prix du Roman d’Aventure francés, que nunca antes había sido otorgado a una novela norteamericana, cuenta entre sus libros escritos y editados hasta el momento con “El libro de los muertos” (2008), “ADN asesino” (2006), “Predator” (2005 ) “La huella” (2004), “La mosca de la muerte” (2003),   “Retrato de un asesino: Jack El Destripador. Caso Cerrado” (2002), “La isla de los perros” (2001), “El último reducto” (2000),  “Identidad desconocida” (2000), “La cruz del sur” (1998), “Punto de partida” (1998), “El avispero” (1997), “Un ambiente extraño” (1997), “Causa de muerte” (1996), “Una muerte sin nombre” (1995), “La granja de cuerpos” (1994), “Cruel y extraño” (1993), “La jota de corazones” (1992), “El cuerpo del delito” (1991) y “Post Mortem” (1990).
Fox 2000 ha adquirido los derechos de la serie de libros de Patricia angelinaCornwell centrados en la investigadora y forense  Kay Scarpetta, que tendría en principio a Angelina Jolie como protagonista, Mark Gordon will con Geyer Kosinski (Media Talent Group) en la producción y Bryan Zuriff como productor ejecutivo, aunque como forman un total de 16 entregas, aun no se sabe cuál será la novela que se adapte a la gran pantalla y probablemente si la primera película resulta ser un éxito de taquilla vendrán las secuelas y estaríamos hablando de una nueva saga cinematográfica.

– escrito por: © Fernando F. Vegas –

24
Abr
09

CONTRA LA LITERATURA DEL OMBLIGO

juan_marse_cervantes2009“Procura tener una buena historia que contar, y procura contarla bien, es decir, esmerándote en el lenguaje”
(Juan Marsé)

La llamada metaliteratura ha sido el tema elegido por el escritor Juan Marsé (Barcelona; 8 de enero de 1933) en su discurso al recoger el Premio Cervantes de Literatura 2008 en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá. Unas palabras comprometidas con la literatura que cuenta buenas historias. Un discurso repleto de belleza como la última palabra del mismo donde se entremezclan el triángulo formado por el escritor, la escritura y la realidad. Fabulación y memoria de Juan Marsé que puedes leer integramente a continuación:

CONTRA LA LITERATURA DEL OMBLIGO

Ceremonia de entrega del Premio Cervantes, 23 de abril de 2009

DISCURSO DE JUAN MARSÉ

Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señora Ministra de Cultura, Señor Rector de la Universidad   de   Alcalá   de   Henares,   autoridades   estatales,   autonómicas,   locales   y académicas, amigas y amigos, señoras y señores.
Quisiera  ante  todo  expresar  mi  agradecimiento  a  los  miembros  del  jurado  y  a  todas aquellas instituciones y personas que hacen posible, año tras año, el Premio de Literatura en lengua castellana Miguel de Cervantes. Me preceden, en lo más cercano de una larga lista  de  nombres  ilustres,  dos  grandes  poetas  que  admiro,  Antonio  Gamoneda  y Juan Gelman, celebrados aquí en 2006 y 2007, y siento como si la poesía me tendiera la mano. Así que no podía esperar mejores valedores ni mejor acogida.
Porque la verdad es que yo nunca me vi donde ustedes me ven ahora. Los que me conocen saben que me da bastante apuro hablar en público. Créanme si les digo que el otro día, en Barcelona,  antes de emprender  viaje, tentado  estuve de entrar en casa de don Antonio Moreno, que guarda la cabeza encantada y parlante desde los tiempos en que don Quijote y Sancho visitaron la ciudad, y traerme esa testa para que hablara hoy en mi lugar. A buen seguro que habría dicho palabras más sabias y de más provecho que las mías.
Sin embargo, la ilusión de recibir el premio que tan generosamente  se me otorga se ha impuesto, venciendo las aprensiones. Sé lo que representa tan alta distinción y a lo que ella me obliga en el futuro.  Aquí,  ahora,  se me ofrece  también  la oportunidad  de exponer algunas  consideraciones  sobre  mi  persona  y  mi  trabajo,  pero  antes  quisiera,  con  su permiso, ampliar el capítulo de agradecimientos, evocando el recuerdo de algunos amigos que hace mucho tiempo, cincuenta años atrás, cuando empecé a publicar, me otorgaron su confianza y su apoyo. Algunas de estas personas están entre nosotros, otras se fueron ya. A todas ellas debo buena parte del alto honor que hoy se me concede. Son, en primer lugar, Paulina Crusat, desde su amada Sevilla y su generosa  tutela, y desde Barcelona  Carlos Barra1  y Víctor  Seix,  que  en  mil  novecientos  cincuenta  y nueve  me  acogieron  en  su editorial, al frente de un irrepetible comité de lectura. Aquel comité estaba compuesto por Joan  Petit,  Jaime  Gil de Biedma,  Jaime  Salinas,  Gabriel  y Juan  Ferrater,  Luis  y José Agustín Goytisolo, José M” Valverde, Josep Mª. Castellet, Miquel Barceló, Rosa Regas y Salvador  Clotas.  Y no quiero  olvidarme  de  los  escritores  amigos  de  Madrid,  que  por aquellos años nos visitaban a menudo, mis entrañables Juan García Hortelano, Ángel González y Pepe Caballero  Bonald, y Gabriel Celaya y Juan Benet. Y de manera muy especial deseo mencionar a Carmen Balcells, mi agente literaria de toda la vida, de ésta y la de más allá, sobre todo desde el día que tomé prestada una ocurrencia de Groucho Marx y le dije: Querida Carmen, me has dado tantas alegrías, que tengo ordenado, para cuando me muera, que me incineren y te entreguen el diez por ciento de mis cenizas.
Antes de conocer a estas personas, que habrían de ser tan importantes en mi vida, yo no había tratado a nadie que tuviera que ver con la literatura,  o con el mundillo  literario. Prácticamente  no había salido del taller de joyería de mi barrio, en el que entré como aprendiz a los 13años, y me apresuro a decir que muy contento, pues la necesidad de llevar otro jornal a casa me liberó de un fastidioso colegio en el que no me enseñaron nada, salvo cantar el Cara al Sol y rezar el rosario todos los días. Y cuando publico los primeros relatos en la revista Ínsula y la primera novela en Seix Barral, sigo en ese taller. Por cierto que mis credenciales sociales y laborales, al darme a conocer en aquel estupendo grupo editorial, suscitaron ciertas expectativas, no estrictamente literarias, sino más bien ideológicas, asociadas a las premisas de un realismo social muy en auge por aquellos años. Fue algo presentido: nadie habló nunca de ello, pero flotaba en el aire la idea, la posibilidad de que el recién llegado a la trinchera noble de las letras aportara una narrativa de denuncia, un testimonio objetivo y de primera mano de los afanes y las virtudes intrínsecas de la clase obrera. Yo podía quizás haber sido, lo digo sin un ápice de sarcasmo, el “escritor obrero” que al parecer faltaba en el prestigioso catálogo de la editorial. Halagadora posibilidad que a su debido tiempo, la fábula de un joven charnego del Monte Carmelo, desarraigado y sin trabajo,  soñador  y  sin  medios  de  fortuna,  pero  también  sin  conciencia  de  clase,  se encargaría de desbaratar.
Confieso que no me habría disgustado  satisfacer aquellas  expectativas,  entregar la gran novela sobre la clase obrera de la Barcelona de la postguerra. Pero lo que yo entonces deseaba de verdad, era abandonar el trabajo manual y disponer de más tiempo libre para leer y escribir.
Aquellos  años  de  paciente  trabajo  artesanal  en  el  taller  podrían  haberme  dejado  unos hábitos que, me gusta pensarlo, persisten al componer un texto. Pero la cocina del escritor nunca me ha parecido un sitio muy cómodo para recibir visitas. No me siento a gusto manejando  teorías  acerca  de la naturaleza  o la finalidad  de la ficción.  Para  la famosa pregunta:  ¿qué  entendemos  hoy por novela?,  dispongo  de mil famosas  respuestas,  que nunca, a la hora de ponerme a trabajar, me han servido de gran cosa. No me considero un intelectual, solamente un narrador. Los planteamientos peliagudos, la teoría asomando su hocico impertinente en medio de la fabulación, el relato mirándose el ombligo, la llamada metaliteratura, en fin, son vías abiertas a un tipo de especulación que me deja frío y me inhibe; bastante trabajo me da mantener en pie a los personajes, hacerlos creíbles, cercanos y veraces.
Con respecto al trabajo mantengo algunos principios, pocos, que bien podrían resumirse en dos:  procura  tener  una  buna  historia  que  contar,  y  procura  contarla  bien,  es  decir, esmerándote en el lenguaje; porque será el buen uso de la lengua, no solamente la singularidad, la bondad o la oportunidad del tema, lo que va a preservar la obra del moho del tiempo. Ciertamente es un utillaje del que no puede uno presumir. Porque el oficio comporta, por supuesto, otras obligaciones y menesteres. Alguna vez he reflexionado sobre el asunto, pero no he llegado muy lejos; sobre la persistencia de la vocación, por ejemplo, en tiempos de silencio, o sobre el imperioso dictado de la memoria y sus laberintos.
Veamos si consigo explicarme.
En el origen  de la vocación,  allá  por los años cuarenta  del siglo  pasado,  habría  en la imaginación del  aprendiz de escritor un famoso esqueleto de leopardo sobre las nieves del Kilimanjaro, una imagen germina1 que evoca una senda recorrida, de la cual, sin embargo, no queda ningún rastro, ninguna huella. Sería algo parecido al recorrido del Minotauro en su laberinto. Nadie sabe si el monstruo podrá salir, si recuerda el trazado de su propia obra, los oscuros motivos que le indujeron a su construcción, y los meandros y detalles de su intríngulis. Nadie sabe si, en realidad, es prisionero de su obra. Sabemos, eso sí, que Teseo ha sido lo bastante ingenioso para tender un hilo que le permite rehacer el camino y salir. Pues bien, ese hilo, ese ingenioso ardid, no sería otra cosa que el relato literario, la forma inteligible que desvela la personal arquitectura monstruosa, al fondo de la cual se esconde el terrible constructor, con sus sueños y obsesiones, su verdad y sus quimeras. El escritor, en fin. Él es, a la vez, los despojos del remoto leopardo y el urdidor del trazado inextricable que lo encierra herméticamente  en su propia obra. Frente a este misterio, o tal vez sería mejor  decir  frente  a este galimatías,  a tenor  de la confusa  exposición  que temo  haber hecho, siempre me reconfortó recordar algo que dejó dicho el gran poeta, y controvertido ciudadano,  Ezra  Pound:  El esmero  en el trabajo,  el cuidado  de la lengua,  es la única convicción moral del escritor.
Lo suscribo, pero con la mayor cautela. Porque pienso que muchas cosas que se dicen o escriben, en el idioma que sea y por muy auténtico que éste se presuma, deberían a menudo merecer más atención y consideración que la misma lengua en la que se expresan. Actualmente los medios de comunicación son tan abrumadores y omnipresentes, se siente uno tan asediado  las 24 horas del día por una información  tan apremiante,  insidiosa  y reiterativa,  que casi no hay tiempo para la reflexión. La televisión  debería contribuir  a reconocer y asumir la variedad lingüística del país, y es de suponer que en cierta medida lo hace, pero no parece que nadie se pare a pensar en los contenidos de esa televisión ni en su nefasta influencia cultural y educativa. A riesgo de equivocarme, soy del parecer que más de la mitad de lo que hoy entendemos por cultura popular proviene y se nutre de lo que no merece ser visto ni oído en la televisión. En la lengua que sea.
Como saben ustedes, soy un catalán que escribe en lengua castellana. Yo nunca vi en ello nada  anormal.  Y  aunque  creo  que  la  inmensa  mayoría  comparte  mi  opinión,  hay  sin embargo  quién piensa que se trata de una anomalía,  un desacuerdo  entre lo que soy y represento,  y lo que debería haber sido y haber quizá representado.  Dicho sea de paso, desacuerdos entre lo que soy y lo que podría haber sido en esta vida, como escritor y como simple individuo, tengo para dar y tomar, o, como decimos en Cataluña, per donar i per vendre.  Mis  apellidos,  de  no  mediar  el  azar,  podían  haber  sido  diferentes,  y  mi  vida también.  Y puestos  a elegir,  la verdad  es que yo hubiese  preferido  ser Ramón  Llul o Miguel de Cervantes, por ejemplo, o Joseph Conrad, aquel marino polaco que, finalmente, escribió en inglés. En todo caso, con el nombre que tengo, con éste o con cualquier otro, nunca he querido representar a nadie más que a mí mismo.
Añadiré  dos o tres cosas acerca de mi formación  como ciudadano  y como escritor.  La dualidad cultural y lingüística de Cataluña, que tanto preocupa, y que en mi opinión nos enriquece a todos, yo la he vivido desde que tengo uso de razón, en la calle y en mi propia casa,  con  la  familia  y  con  los  amigos,  y  la  sigo  viviendo.   Puede  que  comporte efectivamente  un equívoco,  un cierto desgarro  cultural,  pero es una terca y persistente realidad. Y el realismo, además de una sensata manera de ver las cosas, es una corriente literaria  muy nuestra,  y que aún goza de un sólido prestigio,  pese a los embates  de la caprichosa  modistería.  En  fin,  no  quiero  instalarme  en  la  identidad  cultural  para  dar lecciones a nadie, y tampoco pretendo hacer aquí una defensa excesiva del realismo. Pero, como dijo Woody Allen en una de sus buenas películas, el realismo es el único lugar donde puedes adquirir un buen bistec. Quizá no estaría de más tenerlo en cuenta.
No  voy  a  enumerar  las  anomalías  que  por  imperativo  histórico  sufrió  el  aprendiz  de escritor.  Y  la  más  determinante  no  fue  aquella  escuela  inoperante  y  beatorra  de  la dictadura, la del lema Por el imperio hacia Dios, escuela donde ciertamente se prohibió leer y escribir catalán, y hasta hablarlo en horas de clase. No, no fue sólo por eso que un buen día me encontré manejando una lengua, y no la otra; fueron los tebeos y los cuentos que leíamos, las aventis que nos contábamos y las películas, las de amor y las de risa, y todo aquello que iba conformando nuestra educación sentimental, las poesías y el teatro de aficionados, las canciones de amor y las primeras novelas, ya no solo las de aventuras, de Julio Verne o Emilio Salgari, sino las de Baroja, Dickens, Balzac, o los cuentos de Maupassant y de Hemingway, o los versos de Gustavo Adolfo Bécquer y de Rubén Dario. Fue el vuelo solitario de la imaginación  en los primeros tanteos de la escritura, cuando todavía  el aprendiz  de escritor  no se propone reflejar  la vida, porque la realidad  no le interesa ni la entiende, y 10 que hace es imitar y copiar a los autores que lee, es entonces cuando, de manera natural y espontánea, la lengua que se impone es la predominante, la de los  sueños  y  las  aventis,  la  lengua  en  la  que  uno  ha  mamado  los  mitos  literarios  y cinematográficos, la que ha dado alas a la imaginación.
Después,  en plena adolescencia,  don Quijote irrumpe  en mi vida por mediación  de un convecino,  un  gallego,  vendedor  ambulante  de  libros  y  enciclopedias,  empeñado  en colocarme  un lote de novelas  de Vicki Baum y Louis Bromfield,  a pagar en cómodos plazos. Debo hacer constar que en casa de mis padres, en la postguerra, apenas había una docena de libros. Antes hubo muchos en lengua catalana, según mi madre, pero, después de una purga preventiva por razones de seguridad, sólo quedaron dos. La purga la efectuó mi padre, que había estado preso por rojo separatista y republicano. Uno de aquellos dos libros era de Apel-les Mestres, con hermosas ilustraciones de hadas y ondinas; el otro era un  viejo  volumen  que  recogía  la  historia  del  pueblo  de  mi  madre,  titulado:  Notes Històriques de la Parroquia i Vila de l’’Arboç, aplegades i comentades per Mossèn Gaietà Viaplana,  rector  de  l’Arboç.  Pasé  con  él muchas  horas  entretenido.  Los  demás  libros habían sido sacrificados en una hoguera nocturna, en el jardín de una convecina, junto con un  montón  de  revistas  gráficas,  agendas  y  carnets,  fotografías,  cartas  y  documentos diversos,  cuya  posesión,  por  aquellos  días,  debía  resultar  comprometedora.  Acudieron otros vecinos, todos traían algo que pensaban debía ser quemado.
Era poco después de acabada la guerra, yo debía de tener siete años, pero recuerdo muy bien la fogata en medio del pequeño y sombrío jardín, los libros abriéndose al calor como flores rojas, las páginas desprendidas arrugándose y bailando sobre la cresta de las llamas, revoloteando  un instante  como  grandes  mariposas  negras.  Recuerdo  la constelación  de chispas y pavesas subiendo hacia la noche estrellada, la ceniza fugaz de las palabras y de las ilustraciones, sobre todo porque acabé pillando un gran berrinche al ver allí de pronto, devorado  por  el  fuego,  mi  primer  ejemplar  de  las  hazañas  del  piloto  Bill  Barnes,  el Aventurero del Aire, una novelita de quiosco de 60 céntimos, de la colección Hombres Audaces.  Mi padre la había cogido  por descuido  junto  con  otros libros.  Entre los que quedaron en la pequeña librería casera, salvados porque eran en lengua castellana, y que pude  leer  a  su  debido  tiempo,  recuerdo  cuatro  o  cinco  títulos:  El  libro  de  la  selva, Genoveva de Brabante, Tarzán de los monos, Humillados y ofendidos y La historia de San Michele.
Cuando el Quijote entra en mi vida cumplo los 16, vivo en la barriada de la Salut, situada en lo alto de Gracia, cerca del parque Güell, y sigo en el taller. Años atrás había iniciado una intensa relación con la literatura de quiosco, y enseguida la amplié con autores que por aquel entonces, en los años cuarenta, gozaban de gran predicamento, como Somerset Maugham, Stefan Zweig, Knut Hamsun y otros. Y no tardé en descubrir a mis admirados Baroja y Galdós, a Dickens y a los grandes novelistas del XIX, que nunca me he cansado de leer.
Pero la primera lectura completa del Quijote fue, por supuesto, una experiencia especial. Si recuerdo bien, al tercer intento lo leí de cabo a rabo. Tardes enteras de domingo sentado en los bancos ondulados del parque Güell, en el otoño del 49, bajo un sol rojizo y en medio de un griterío de niños jugando en la plaza entre nubes de polvo. Una lectura germinal. Y siempre que he revisitado el libro, esa impresión germinal ha persistido. En el corazón del caballero chiflado que no distingue entre apariencia y realidad, anida, como es bien sabido, el germen y el fundamento de la ficción moderna en todas sus variantes. Por supuesto, el lector adolescente no se paró a pensar en eso. Ninguna teoría le distrajo entonces de unas aventuras tan descomunales y descacharrantes,  sujetas a tantos desencantos y amarguras, pero  hoy le gusta  pensar  que algo  percibió  de aquel  prodigio  fundacional,  del remoto primer deslumbramiento  que supuso aquella lectura. Me refiero, y no pretendo descubrir nada  nuevo,  al asunto  que  articula  la entera  composición  del genial  libro,  la temática medular de la que nacerá, según opinión general, la novela moderna. Lionef Trilling dijo que  toda  obra de ficción  en prosa, es inevitablemente  una variación  del tema  de Don Quijote.  Por  mi  parte  sólo  puedo  decir  que,  desde  no  sé  cuánto  tiempo,  quizá  desde aquellas tardes soleadas en el parque de Gaudí, de un modo u otro, consciente o no de ello, he buscado en toda obra narrativa de ficción un eco, o un aroma, de ese eterno conflicto entre  apariencia  y  realidad,  que  de  tantas  maneras  se  manifiesta  en  el  transcurso  de nuestras vidas.
Porque yo soy ante todo un lector de ficciones, un amante incondicional de la fabulación. Tan  adicto  soy  a  la  ficción,  que  a  veces  pienso  que  solamente  la  parte  inventada,  la dimensión de lo irreal o imaginado en nuestra obra, será capaz de mantener su estructura, de preservar alguna belleza a través del tiempo.
Una excesiva dosis de realidad puede resultar indigesta, incluso para un adicto a la realidad y al bistec como Sancho y como yo. Se trataría de ser algo más lanzados en esta cuestión, un  poco  locos,  y  admitir  la  posibilidad  de  que  lo  inventado  puede  tener  más  peso  y solvencia que lo real, más vida propia y más sentido, y en consecuencia, más posibilidades de pervivencia frente al olvido. Como nos enseñó don Quijote. Desde su primera salida al campo  de Montiel,  o desde  la primera  de  sus famosas  hazañas,  él es el guardián  del laberinto, el valedor de lo más noble, bello y justo que alienta en el corazón humano, el que vela por el espíritu, la vigencia y el esplendor de los sueños.
Debo referirme también, como complemento importante a una formación muy precaria, al cine  y  a  sus  queridos  fantasmas.  Porque  cuando  aún  leía  tebeos  y  novelas  de  Edgar Wallace  y Karl May, el chico ya era muy peliculero,  insoportablemente  peliculero.  Lo propició el hecho de que, durante cuatro años, entrara sin pagar en los cines de programa doble del barrio, y entonces había no pocos, gracias a que mi padre, por su trabajo en el Servicio Municipal de Higiene, Desinfección y Desratización de locales públicos, conocía a muchos porteros y acomodadores. Estoy por decir que gracias a las ratas de la Barcelona gris,  penitente  y  mísera  de  los  años  cuarenta,  el  cine  propició  y  redobló  mi  natural tendencia a la hipnosis ante cualquier género de fabulación. La facultad de embaucar, de fraguar ilusiones mediante imágenes, arraigó con el gusto por la lectura desde el primer momento, y, con el tiempo, pude celebrar las películas de John Ford, de Rossellini o de Mizoguchi,  por  ejemplo,  con  la  misma  o  parecida  intensidad  que  muchas  novelas. Sabemos  que  algunas  estrategias  narrativas  de  la  novelística  contemporánea  tienen  su origen en el arte cinematográfico.  Los Chaplin, Renoir, Lubitsch, Walsh, Lang, De Sica, Buñuel,  Erice, Truffaut,  Welles, Bardem, Berlanga y Azcona,  Keaton o Hitchcock,  por citar unos cuantos, nos hablaron de otra armonía posible entre los sueños y el mundo. Y en mi lista de personajes de ficción favoritos, Harry Lime y Viridiana son tan memorables como Julien Sorel o Ana Ozores. Cuando uno era todavía un mozalbete presumido, ir al cine era algo que formaba parte de la cultura popular, un rito semanal en el que participaba toda la familia, toda la comunidad. Descodificar el drama, la comedia o la aventura en las fotografías expuestas en el panel de la entrada de los cines, descifrar una sonrisa, un gesto, una  mirada  de los  protagonistas,  apartar  luego  las  cortinas  y penetrar  en  la oscuridad rasgada por una plata luminosa, era tan emocionante como adentrarse en la trama de una buena novela o memorizar un poema. A lo largo de más de tres décadas, desde los años veinte del mudo hasta mediados los sesenta, antes del auge y el abuso de la tecnología, el cine  estableció  con  la  novelística  una  alianza  para  intercambiar  formas  y  contenidos, palabras sabias, mitos, una sensibilidad y una estética del gesto, y hasta unos hábitos de comportamiento. La novela asumió la impronta decididamente visual de la narrativa cinematográfica,  el potencial  simbólico  de  las imágenes  y su  cadencia,  y el  deseo  de hacerle ver al lector lo que lee, que yo comparto, propició en la ficción literaria nuevas formas y tendencias.
También la memoria histórica y sus vericuetos y espejismos, un asunto tan de actualidad, podría ser comparada a una cinta de celuloide sensible e inflamable, con su apagada voz en off: Hace casi cuarenta años, trabajando en una novela donde se abrían muchas puertas a la memoria personal y a sus espejos deformantes, tuve que parar porque no daba con el tono en el que debía  ser contada  la historia.  Había  que  escoger  la voz, o mejor  dicho,  las diversas voces que tramaban la historia. Y no encontré la solución hasta que recordé el juego de las aventis infantiles, y, sobre todo, hasta que vinieron en mi ayuda estos versos de Antonio Machado: En los labios niños las canciones llevan confusa la historia y clara la pena.
Sabemos que el olvido y la desmemoria forman parte de la estrategia del vivir, tanto en la sociedad civil como en los estamentos del poder, sabemos que hablar de ello en nuestros días  conlleva  para muchos,  todavía,  una carga  de  dolor  y resentimiento,  suspicacias  y malentendidos.  “La  memoria  nos  construye  como  seres  morales”,  escribe  José-Carlos Mainer, y añade: “pero también sabemos que es un hecho privado y mudable, fantasioso y mendaz”. Hay una memoria compartida, que no debería arrogarse nadie, una memoria que fue durante años sojuzgada, esquilmada y manipulada. El lenguaje oficial había suplantado al lenguaje real. En la calle y en los papeles las palabras vivían bajo sospecha, muchas cosas  parecían  no tener  nombre,  porque  nadie jamás  se atrevía  a nombrarlas,  otras  se habían  vuelto  decididamente  equívocas  y apenas  podía  uno  reconocerlas.  Las  palabras acudían medrosas, emboscadas, traicionando el sentido al que se debían. Afectadas por el expolio  y  el  descrédito,  sometidas  a  la  censura  y  al  escarmiento,  o  destinadas  a  la impostura, de pronto perdían su referente, enmascaraban su verdadero sentido y cambiaban de significado. Entre las pomposas palabras que entonces nos caían desde los balcones y despachos oficiales, desde el cuartel y desde el púlpito, entre esas palabras fraudulentas y las palabras que la gente intercambiaba en la calle, en el trabajo y en casa -palabras de familia gastadas tibiamente, según testimonio del poeta-, había un abismo.
Este desacuerdo entre apariencia y realidad, entre lo que oficialmente se decía que éramos (adictos, felices, reconciliados, bien pagados, píos feligreses todos) y tal cómo nosotros nos veíamos  en realidad, no tiene por supuesto  nada que ver con el glorioso equívoco  que propició la locura y forjó la leyenda de don Quijote. Pero son muchas, y todas vigentes, las lecciones que ofrece la obra de Cervantes. Y así, el aprendiz de escritor tomaría buena nota de la primera y más sencilla de todas ellas, esa que dice: Las cosas no siempre son lo que parecen.  No lo eran entonces  para el valeroso caballero,  en aquel siglo tan pródigo en espejismos,  y por supuesto tampoco lo son hoy. Sin ir más lejos, las famosas armas de destrucción masiva, por ejemplo, que no hace mucho tiempo algunos casi juraban haber visto, al final resultaron ser un par de zapatos.
Pero yo me estaba refiriendo a nuestros años de incienso y plomo bajo el palio de la luz crepuscular, aquel tiempo en el que no solamente la prensa y la radio, el Boletín Oficial del Estado y la Hoja Dominical mentían sobre lo que nos estaba ocurriendo, sino que hasta los espejos mentían. Y fue entonces, todavía en años de aprendizaje de quién les habla, cuando la imaginación echó una mirada sobre aquel expolio de la memoria, y le tendió la mano. Era  una  labor  complementaria,  en  todo  caso,  porque  imaginación  y  memoria,  para  el escritor,  son  dos  palabras  que  van  siempre  entrelazadas,  y  a  menudo  resulta  difícil separarlas. Ciertamente un escritor no es nada sin imaginación, pero tampoco sin memoria, sea ésta personal o colectiva, esté proyectada en la novela histórica de fecha más remota, o en  la  literatura  de  ficción  científica  más  futurista  y  fantástica.  No  hay  literatura  sin memoria. Incluso la memoria trapacera puede hacer buena literatura. La tan reiterada advocación “hay que olvidar el pasado”, lógicamente no se aviene con la naturaleza y la función de la escritura. Hay que acotar nuevas parcelas de la memoria, hacer más denso el laberinto, cuidando, pues, de dejar una traza de hilo, como hizo Teseo aquella vez, para poder volver al exterior, y contarlo. Sobre todo, en lo que a mí respecta por lo menos, persistir en la búsqueda de algo, que nunca he sabido definir, pero que tiene que ver, por encima de cualquier otra finalidad, con alguna forma de belleza.

23
Abr
09

EL CUADERNO

cuaderno_saramago– escrito por: © María José S. Bermejo –

Este jueves, 23 de abril de 2009, coincidiendo con el Día Mundial del Libro, se publica “El Cuaderno”, libro del Premio Nobel de Literatura (1998) el escritor portugués José Saramago, autor de “El hombre duplicado”, “El viaje del elefante” o “Ensayo sobre la ceguera”, encargándose de la edición del libro la Fundación José Saramago junto con la editorial Caminho con una tirada inicial de 5.000 ejemplares, aunque para la edición en castellano habrá que esperar a mayo y al verano para la italiana y la inglesa.
En “El Cuaderno” se encuentran los escritos que Saramago realizó en el blog que inició en la red en septiembre de 2008 con “Palabras para una ciudad”, carta que deja de manifiesto el amor que el escritor siente por Lisboa.
En palabras de Pilar del Río, mujer del escritor, en el sitio web de la Fundación, “‘El Cuaderno’ no es un libro de crónicas periodísticas, es un libro de vida”, añadiendo en la nota de presentación del libro que reúne “seis meses de cartas inteligentes para lectores inteligentes, sin artificios y con todo lo que él tiene para decir”. Así podemos encontrar pensamientos, temas de actualidad política internacional, en los que disertó sobre Barack Obama, Sarkozy, George W. Bush,… e igualmente a cerca de varios de sus escritores preferidos, algo más de cien opiniones,… todo ello cargado del humor irónico característico de Saramago.

– escrito por: © María José S. Bermejo –

22
Abr
09

NICE

nice– escrito por: © Fernando F. Vegas –

La novela de Jen Sacks, “Nice”‘,  publicada en 1998, comedia negra con un ácido y satírico humor de la que en aquel momento Warner Bros intentó hacer una versión cinematográfica con Helen Hunt como protagonista, pero que no cuajó por ser un proyecto demasiado blando y edulcorado para el trasfondo de la novela homónima de Sacks, va a ser llevada a la gran pantalla con el mismo título de la novela por Fox Searchlight, que ha adquirido los derechos y parece va a respetar el sórdido humor y el tono oscuro de la novela original, donde una escritora de un magazine que accidentalmente mata a su novio y tras superar el pánico del principio encuentra el modo de ocultar el cadáver, llega a la conclusión de que asesinar novios es mucho más sencillo que cortar con ellos.
La película contará con los productores Keri Selig, Gayla Nethercott, Jennifer Simpson y Reese Witherspoon, siendo Ben Queen quien hará la adaptación de la novela de Sacks.
Reese Witherspoon además de formar parte de la producción será la protagonista interpretando a la escritora que se vuelve asesina.
La oscarizada actriz nacida en Baton Rouge, Louisiana (EE.UU.) el 22 de marzo de 1976, que en la película de animación 3D “Monstruos contra Alienígenas” (2009) de DreamWorks (“Shrek”, “Madagascar”, “Kung Fu Panda”) presta su voz a Susan Murphy, una californiana que el día de su boda es golpeada accidentalmente por un meteorito lleno de mugre espacial y se convierte en Genórmica, una mujer de más de 15 metros de altura, ha participado en películas como “Expediente Anwar” (2008) , “Como en casa en ningún sitio” (2008), “En la cuerda floja” (2006), “Ojalá fuera cierto” (2005), “La importancia de llamarse Ernesto” (2005), “La feria de las vanidades” (2004) o “Una rubia muy legal 2” (2003).

– escrito por: © Fernando F. Vegas –

17
Abr
09

HOLLYWOOD DE REMATE

subasta_cine– escrito por: © Fernando F. Vegas –

Todo se compra y se vende. Pasen y lean como algunos de los objetos más importantes de la iconografía del cine de Hollywood se encuentran a subasta en el espacio Profiles in History de Los Ángeles (USA) del 30 de abril al 1 de mayo en Los Ángeles. Diferentes elementos de películas y objetos que han marcado la historia del cine estarán al alcance de los fans que dispongan de suficiente dinero para pujar y poder tener en su poder desde el traje de astronauta de Charlston Heston en EL PLANETA DE LOS SIMIOS con un precio de salida cercano a los 50.000 euros hasta el anillo que lució Bela Lugosi en LA MANSIÓN DE DRÁCULA con un  valor de entre 15.200 y 22.700 euros. Sin olvidarnos de una de las máquinas que hacían de doble de Arnold Schwarzenegger en TERMINATOR 3: LA REBELIÓN DE LAS MÁQUINAS, un T-800, figura que saldrá a la venta por un precio entre 30.400 y 45.650 euros o la máscara de BATMAN que interpretó Val Kilmer cercano a los 50.000 euros.
Un catálogo de subasta que se completa con el  robot Eva de METRÓPOLIS, las armaduras de los soldados de la teleserie GALACTICA, la marioneta del terrible marciano que invade la Tierra en MARS ATTACKS! de Tim Burton, las gafas de Sammy Davis Jr. utilizadas en RAT-PACK, el revólver empuñado por Harrison Ford en BLADE RUNNER de Ridley Scott …
Los objetos de Hollywood de subasta o remate. ¿Quién da más?.

– escrito por: © Fernando F. Vegas –

14
Abr
09

THE GUN SELLER

una_noche_de_perros– escrito por: © María José S. Bermejo –

En 1996 Hugh Laurie publicaba su primera novela THE GUN SELLER, años antes de ser conocido mundialmente por su interpretación de Gregory House, médico especializado en nefrología y diagnóstico caracterizado por su misantropía, rebeldía y honestidad con los pacientes y de su caracterización del Señor Little en los largometrajes Stuart Little y Stuart Little 2, unas divertidas comedias dirigidas al público infantil donde se mezclan los personajes reales y la animación por ordenador de un pequeño ratón que pasa a formar parte de la familia Little siendo considerado como  su hijo.
THE GUN SELLER es una divertida novela de género negro protagonizada por Thomas Lang, un antihéroe antiguo policía y ahora pistolero a sueldo que un día recibe la visita de McClusky, quien le ofrece cien mil dólares por asesinar al empresario americano Alexander Woolf. Este ofrecimiento no satisface a Lang quien rechaza el encargo y decide advertir a la víctima del peligro que corre. Desde ese instante la acción se precipita y surgen las mentiras, la corrupción y la violencia. Unas situaciones difíciles que pasarán por  machacar unas cuantas cabezas con una estatuilla de un Buda, Thomas Lang debe utilizar su ingenio con multimillonarios malvados y dejar su vida (entre otras cosas) en manos de un grupo de femmes fatales, todo esto mientras intenta salvar a una bella dama y evitar un baño de sangre a escala mundial. 
THE GUN SELLER ha sido publicada en el 2009 en Francia por la pequeña editorial Sonatine con el título de TOUT EST SOUS CONTRÔLE, siendo bien acogida por la prensa especializada gala, logrando vender más de cien mil ejemplares en el mes de marzo, consiguiendo ser la más vendida en Francia.
Esta novela fue publicada en España en el 2006 por la editorial Planeta con el título de UNA NOCHE DE PERROS. El mismo año en que Hugh Laurie publicaba en el Reino Unido su segunda novela THE PAPER SOLDIER.

Una noche de perros – Título original: The gun seller – Autor: Hugh Laurie – Traducción: Alberto Coscarelli – Editorial: Planeta – colección Planeta Internacional – Año publicación: 2006 – 352 páginas – Precio: 7 euros.

– escrito por: © María José S. Bermejo –




AGUDEZAMUY´S
AGUDEZAMUY´S es un blog de NOVELA, CINE y PASTICHES que acompaña a IMAGORAMA.eu revista digital de información y actualización diaria sobre CINE, CÓMIC, ANIMACIÓN, 3D, TELEVISIÓN, LITERATURA, FANTASÍA y otras formas de expresión de la IMAGEN y la IMAGINACIÓN. IMAGORAMA una mirada panorámica a la cultura de la imagen desde la red. Artículos, reseñas y comentarios de MARÍA JOSÉ S. BERMEJO y FERNANDO F. VEGAS.

Visitas a Agudezamuy`s

  • 40,166